A la deriva entre tu orilla y la mía

A la orilla de mi isla llegó un mensaje embotellado, la seguridad de mi fuerte había sido burlada; la soledad de mi costa lo recibió expectante, aunque la impetuosa marea me hizo titubear por instantes, mas el profundo deseo de encontrarte me hizo, finalmente, zarpar a buscarte. Naufragué en el intento, el mar confundía mis sentidos, el cansancio sedó mi cuerpo, mas la luna finalmente me acercó a tu puerto.

Ya a la luz del día mis ojos buscaron sin éxito tu presencia, mi corazón protestaba habérmelo dicho antes; pronto el atardecer vendría, unos ojos por fin pude ver, seguí su rastro aunque en vano, por que intentaron, hasta lograrlo, hacerse perder.

¿Dime ahora qué hago? ¡dí al menos a qué me has llamado! ya que ahora estoy náufrago, varado en éste arrecife; ¡dí si sólo has jugado a conseguir respuestas! no intentaré reprocharte, pero deberé salir cuanto antes, haré sanar mis heridas, meditaré por mi costa, preguntaré a la luna por ti, esperando que otro mensaje encalle, hasta olvidarte, hasta que un navegante sincero arribe afable a mi islote, con firme intención de quedarse.

Sino es así, dímelo pronto, mi mente y cuerpo están desistiendo, ya mis brazos están protestando de cargar ilusiones, mis ojos ya están cansados de guardar respuestas, de evadir preguntas, de extinguir sentimientos, de mentir.

Mientras mis pies inseguros andan solos por tu orilla, presagiando tu acostumbrada indiferencia ante mi noble iniciativa. Mi corazón se desespera, reparte su furia en mi sangre, despierta un miedo que ya permanente, entorpece al resto de mi ser, al no entender por qué la distancia se acorta con tus palabras, pero al callar, ésta vuelve a ser la misma; quizá es que fueron solo mentiras, aunque de mi parte sí hayan sido sinceras caricias.

¿Qué acaso ese habitual encuentro, es sólo un desahogo furtivo de emociones sin origen, sin destino? ¿que sólo mi estúpido cuerpo almacena, mientras el tuyo deshecha en un respiro?

Da al menos una buena pista de que eres un terreno extraño, mientras sepa que tu arena es fija, las fuerzas no se me acaban, aunque pareciera que me rindo, ansío caminar una vez más por la orilla, de nuestras dos islas unidas.

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