Desprenderse o Depender

Llevo semanas enteras tratando de escribir esta prosa, sin poder empezarla, sin saber darle forma. Hablar de comportamientos de propios y extraños, es difícil, sobre todo cuando uno mismo forma parte del juicio.

Depender es la piedra que todos cargamos en el zapato, que acomodamos y andamos, hasta que vuelve a picarnos, que nos mantiene atados, que nos dificulta el vuelo, pero que no soltamos.

Nacimos siendo dependientes y además nos criaron, a muchos, con devoción a las pertenencias, propias, divinas y ajenas; con el tiempo cedimos a ellas el control de nuestros recuerdos, nuestros valores y nuestros éxitos. A poco no tenemos por ahí, el objeto aquél de nuestro abuelo, al que ahora le pedimos consejo, y que a ratos nos reproduce un recuerdo, cuando le miramos directo? Y qué me dicen de los santísimos objetos, que nos recuerdan en qué creemos, nos fortalecen cuando les oramos, y les reclamamos cuando “nos cambian el juego”? Tienen tanto poder que hasta nos pesa mirarlos después de que les hemos fallado, a ellos! aun cuando son sólo pintura y barro, o acero. En lo personal, tengo una pared con medallas de todas las carreras que he corrido, las miro y pienso, qué carrera me hace falta? Tengo una carpeta de diplomas de esto y aquello que he estudiado, tengo una colección de encendedores sin haber nunca fumado, y qué decir de aquella pila de monedas, única y especial, como la que, seguramente, todo el mundo tiene. Sin duda, cada objeto tiene una historia, cada foto, cada cuadro, pero ojo, y aquí está mi primer secreto, no es el objeto, ni el santísimo aquél, ni el vestido favorito de esa persona que ya no está, quien relata y mantiene viva esa historia, tu dependes del objeto para colgarle el recuerdo, pero eres tu el propietario, y sólo tu, quien conserva el sentimiento.

Depender nos liga fuertemente a todas estas cosas a las que les hubimos otorgado el valioso derecho de poseer un recuerdo, o son proveedoras de refugio y paz, con tan sólo hablarles o aferrarnos a ellas, y aunque inertes, desencadenan una emoción, una que no somos capaces de concebir sin ellas, o al menos eso creemos. Conservar tantas cosas, tan celosamente, nos da una falsa sensación de seguridad, de alivio, de consuelo, de compañía, pero no hay un solo objeto, por más divino que sea, que nos calme el agobio de soledad, que mitigue el dolor de extrañar, que refuerce nuestra confianza, que sane nuestra moral, o que suba nuestra autoestima. No es con objetos con lo que se llena el vacío de nuestra alma, o de nuestra mente.

Ni con personas, por que, repito, nacemos dependientes, atesoramos pertenencias y eventualmente, también aprendemos a otorgar a los demás, la autoridad de alterar emociones propias, pero ojo, aquí va otro valioso secreto, no hay persona, por más grande, bello o fantastica que sea, que llene esos huecos que nos hacen sentir incompletos. Aun así, vamos por la vida enlazando nuestro camino al camino de otros viandantes que, no comprenden, no quieren, o no pueden andar a nuestro paso, y henos ahí, tropezándonos por caminos que no nos conciernen, sólo por permanecer, donde no nos corresponde, con quien no nos pertenece. PERTENECER, todo un capítulo en el libro de la Codependencia, si bien es un verbo conjugable para personas, entre iguales no hay, o no debería existir tal poderío, no hay escenario racional de posesión de personas, ni entre padres e hijos, pero ojo, si, aquí va otro secreto, los padres no siempre lo saben, por eso es que, no todos inculcan cómo sobrevivir a esos líos. Pertenecer, en el contexto que yo como amante libre que soy, es mantenerse junto al otro, por decisión propia, acompañarse, sin exigir, sin detenerse entre si, sin fusionarse, sin estorbarse, sin opacarse, sólo buscando, entre sus caminos, siempre encontrarse.

Por eso es, que desprenderse es un arte complejo, un objetivo de vida para algunos, una estrategia triunfal para otros. Por que no se trata de no preocuparnos o no ocuparnos de lo que nos compete, viajar ligero no significa no tener responsabilidades.

Desprenderse para mi, es continuar, dejar ir. No por ello los estoy invitando a olvidar, pero ojo, aquí va uno de mis favoritos, los recuerdos son el mejor vino para tomar en el atardecer de la vida; pero deshacernos de cosas no nos harán prescindir de las historias, o suprimir nuestra fe, eso se alberga en nuestro corazón, en nuestra mente, en nuestros actos, en las semillas que por el camino sembramos; como tampoco desatar nudos nos niega o elimina los vínculos que hicimos, al contrario, desprenderse es un acto supremo de amor, propio y ajeno, donde al dejar ir y admirar el vuelo, aligeramos la carga de ambos viajeros, y ojo, un útil secreto, entre más rápido dejamos ir lo que nos detiene, más rápido podemos continuar; entre más peso, culpa y tristeza dejamos atrás, más fuerza, luz y calma abundarán en nuestro andar; entre más semillas repartas, entre más cosecha compartas, mejores serán los frutos que le devuelva la vida, el destino, o Dios, a tu corazón; así que, y aquí va mi último secreto, por hoy, ama, siembra, da, que de lo que diste, el doble se te proveerá.

Leave a Reply

Please log in using one of these methods to post your comment:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Create a website or blog at WordPress.com

Up ↑

%d bloggers like this: