Cuando pesa tanto el aire.

Hay días de sol y de lluvia, de sonrisas ligeras y de llantos que queman. Hay personas que duelen de cerca, unas que sanan heridas, que matan de lejos, o que nutren más desde afuera. Hay palabras que vuelan con el viento y silencios que presionan contra el suelo. Hay momentos que me guardo en suspiros, y hay recuerdos que me ahogan cada que respiro.

Cuando el aire pasa ligero y las nubes toman forma de sueños, cantan las aves y las flores bailan a su merced. Cuando el día parece tener por fin sentido, y los fantasmas de mis recuerdos y las tormentas de mis miedos pretenden haber cedido, hasta puedo reconocer de nuevo sabores, aromas, sonidos, incluso le encuentro motivo a la idea de saberme vivo.

No hay luna más bella, que la que yace cómplice de mi corazón, dulce, triste, bohemia, romántica y de rock, cada noche diferente, incomprendida, como mi emoción. 

Qué terrible el torbellino de ideas sin objetivo, de sueños no cumplidos, de ganas derrotadas, de batallas de resistencia y desacuerdos con el destino. Qué cansancio el tiradero de palabras, de  apariencias, intenciones y personas, superfluas. Qué martirio sentirse desubicado y abatido a cada paso de este camino que, aunque sé que es mio, a veces simplemente, no le encuentro ningún motivo.

Cuando pesa tanto el aire, moverme no tiene sentido, pretender se vuelve efímero. Me rasguña tu recuerdo en cada parpadeo, y no comprendo cómo es que el día a ti te pinta una cascada de sonrisas y a mi me mata de sed. Cuando el aire se vuelve hiel, respirar quema por dentro y en cenizas me quiero desvanecer, y no asimilo cómo es que el mundo gira mientras a mi me tira y no da tregua de levantarme o dejarme fenecer.

En el aire vuelan mis deseos, nacen y mueren en mi mente, y la gente no lo entiende pero la luz desde afuera no escampa mi oscuridad, hasta la luna se rinde de vez en vez, cansada de aparentar. 

En el camino, entre esperanza y hastío, sé que lastimo a quienes caminan conmigo, en mi transcurso, entre el infierno y el limbo, cuando pesa tanto el aire, agradezco que no se hayan rendido, y que no suelten mi mano, a pesar de verme abatido.

Ya saldrá el sol, y daremos batalla entre suspiros.

Epitafio – amando siempre la vida

Cuando muera, esparce mis cenizas en los árboles, aquéllos que siempre ozé admirar. Yo sé que la religión lo prohibe, que las costumbres habituales obligan, pero piensa un instante lo que yo te diría; qué mejor forma de dejarme partir, que acariciando una vez más ese suelo; qué mejor forma de quedarme para siempre, que al alcance de ese paisaje.

Cuando quieras huir, cuando quieras reir, o contarme algún secreto, cuando quieras llorar, o me quieras abrazar, y simple así permanecer en silencio, yo estaré justo ahí, con los brazos abiertos, en cada árbol que engalana sus ramas con heno.

Sigues en mi

Hay dias que tiendo a sentir, sigues aquí, en el aliento extra, en el motivo que me convence, en la lluvia que me refresca, hay días que sólo lo sé, tu sigues en mí, en el suspiro que me calma, en el silencio que me salva, en la palabra que no hiere. Hay días que eres el viento, o la tormenta, o la resaca, hay días que eres mi llanto sin sentido, o mi carcajada. Eres la mirada que busco al decir mi discurso, el susurro que marca la pauta de detenerme o seguir en marcha. Hay días que pienso, locura sería no reconocer que sigues aquí, aportando a la mejor versión de mi.

Héroe sin capa

Los papás son esos árboles que en silencio y de pie, reciben las inclemencias del clima y las filtran para nosotros.
Sufren a los hijos a distancia, resanan las heridas con abrazos y celebran los éxitos desde las gradas donde, sin tomar el protagonismo, siempre tienen un buen consejo que brindar, o un buen silencio con el cual cobijar.
Mi papá es mi héroe sin capa, el roble que soporta mi mente cansada e impulsa mi nuevo vuelo.

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