Donde dos universos convergen

El tiempo pasa leve, cuando solo hay un tiempo en el cual vivir.

Desayunar momentos, respirar recuerdos. Vivir de polo a polo, independiente pero consciente, de que cada paso dado por uno, es para dos. Comprometido pero indiferente, porque al final del día, cada quien duerme, en un universo diferente.

Escéptico pero soñador, porque aunque hay dos amaneceres distintos, dos corazones laten al mismo ritmo.

No me faltaban huevos, ni me sobraban tetas

Apreciar las diferencias es un arte aprendido. Nivel dos del curso “conócete a ti mismo”. En las tonalidades radica la belleza de la diversidad y cobra sentido la unicidad.

Mas si mal aprendemos a reconocer y valorar nuestras propias huellas, y a su vez cuestionamos y les hallamos fallas. Terminaremos encontrando tantas, propias y ajenas, que más bien debilite nuestro paso.

Mis sueños se pintaban con temores de credos heredados, con prejuicios infundados, y con sentimientos pre-clasificados.

Nada por venir de mi sería suficiente. Todo por ser sutil y dispar sería despreciado. Un mundo que se rige por tantos miedos se escuda con indiferencia y responde con agresión.

Entre tanto me abro paso al ensueño que creo que existe de aquél lado del muro, me caigo, me canso y hago sanar mis heridas. Entre más idealizo el destino del tortuoso camino, más profundo es mi suspiro y todo a mi paso se percibe espejismo.

Perfeccionismo se volvió mi mantra. Nadar contra corriente mi carga. La perfección del universo radica en su caos. La complejidad del caos radica en su compás. La belleza de la vida se encuentra a lo largo de su caudal. Nada en el río es cuadrado ni estático. Nada vivo es perfecto. Sólo aspirando lo imposible se excusa nuestra inseguridad.

En el astro de diestros, de hombres, de blancos, de heteros, de altos, de círculos perfectos, yo soy un astrolito quemado, destruido, irregular y siniestro, que sigue de pie, a pesar del viajesito.

Hubo llegado el punto en el que vi desaparecer ese muro, no había ensueño, no había perfeccionismo, no había logro conseguido. Había un puñado de cajas, de razas, culturas, creencias, caprichos. Había este mismo mundo, celoso, miedoso, débil y vacío.

Mi lucha ya no es llegar a ese perfecto lugar de ensueño. Mi objetivo no es llegar a un destino, es marcar un camino para quienes vienen conmigo y para quienes vengan detrás de mi.

El reto no es clasificar todos los colores sino apreciar todos sus tonos. El reto no es identificar todos los sonidos sino comprender sus motivos. El reto es sabernos discrepantes y así aceptarnos. El logro será apreciarnos diferentes y con ello más fuertes.

En el mundo en el que me tocó interactuar, se hacían las cosas como siempre se habrían hecho, sin cuestionar, sin justificar. En el mundo en el que me tocó caminar, las diferencias se atacan pronto, se acallan, se minimizan y se guardan en alguna caja.

En el mundo que me tocó soñar, todos tienen un lugar definido, y desafiar una etiqueta es como saltar al abismo.

Pues bien, en el mundo que me tocó saltar, no me importa de cuán alto. El miedo no detiene mi misión, el prejuicio no define mis actos, la soberbia no quebranta mi arrojo.

No, nunca me faltan huevos, aun a pesar de todos mis miedos, y no, tampoco me sobran tetas, aun a pesar de todos mis desenfrenos. Lo que me sobra es pasión.

Todos merecemos huellas firmes y libres. Todos merecemos volar alto.

Encuentra tu motivo

En el autobus de ellas

Ella despierta antes que el sol. Tiene más sueños que horas en el reloj. Ella acumula millas en el contador. Combate a diario los monstruos del prejuicio y la opresión.

Ella aprovecha el tiempo extra en la cama, cuando se lo permite el despertador. Y aprieta a fondo el acelerador, cuando su agenda reclama acción.

Ella tararea momentos en cada canción y dibuja caricias que desbordan de su corazón. Ella empaña ventanas con sueños disfrazados de suspiros. Ella contiene miedos marcando el galope de su pasión.

Ella camina lento, dejando huellas tan profundas que ni el viento. Ella besa sin tiempo y sus abrazos son de fuego. Ella viaja despierta y baila a escondidas. Ella sonríe por nostalgia y llora de alegría. Ella se siente sóla con la indiferencia e identificada con la integridad del mar.

En el autobus de la vida cabemos todas. Cada cual con su batalla en hombros y su mejor guerrero latiendo en sus manos. Todas somos una con la luna.

Imanes del mismo polo.

Yo sé que tu alma y la mía se conocen de otra vida. Sé que tu partida abrupta, intempestiva, no fue sólo cosa tuya. Sé que ni el tiempo ni la elocuencia jugaron nunca a nuestro favor.

Imagino tu mirada preguntando por la mía, consciente que la arena terminaba pronto de caer de tu reloj. Esa mirada siempre atenta, pudo siempre ser caricia. No hubo abrazo, no había teatro, todo en ti era hierro forjado a calor.

En tus ojos habría miedo, y en los míos había ira, el silencio delineaba el resto de nuestra conversación.

Esa noche fue intranquila, tu te irías, yo lo sabía. No fue mi mano a decirte adiós. Tu en esa cama, yo en esta silla, la gente creyéndote loca y yo en silencio recibiendo tu despedida que llegó con la fuerza del viento, azotando tremendo portazo en mi corazón.

No pueda aceptar mi orgullo que te extraño como extraño en invierno al sol. No pueda contener el aire en mi cuerpo por más tiempo, ni las lágrimas, ni las letras que salen sin permiso y sin mucho control cuando de vez en cuando y sin pedir autorización, aletean tus ojos en mi mente una vez más, tan intensos y expectantes, como siempre altaneros, distantes, aparentemente faltos de emoción.

Quién sino tus ojos para guardarlo todo, correcto o no, quién para desafiarme, quién para hacerme sentir herida y quién, sino tus ojos, para mandarme decir adiós. Detrás de todo ese hierro sólo tus ojos cautivan mi corazón, fríos como entonces buscando tu aprobación, cálidos como ese día que te fuiste y rompiste algo en mi interior.

Sé que me dueles porque tu alma tira del hilo que la ata a la mía. Sé que tu y yo tenemos un perdón y un abrazo pendiente, o un montón. Sé que estás tras los silencios que cimbran mi vida y que aunque no mire al cielo, sigo buscando tu cuestionamiento y tu aprobación.

Te extraño, me ahoga expresarlo, algo me quema el corazón. Sufrí tanto con tu desprecio como sufro ahora, después de tu adiós. Cuando te fuiste y me quedé sin fuerza siquiera para reprocharte tanto rencor, porque al final del día esos silencios no sólo eran de miedos y odios, también eran de un incomprendido amor.

Al viento le doy portazo ahora yo, y evito a toda costa aquello que me hizo tanto daño y marcó por varias vidas mi corazón. Y luego me doy cuenta que lo único que hago es forjar hierro a calor.

Te extraño, extraño quererte y odiarte al calor de una discusión. No entiendo qué pudiste haber aprendido tú de esta lección. No tengo nada que reprocharte, ni siquiera sé si he aprendido algo yo. Nada llevo en esta valija, viaja vacía el resto del viaje, hasta volver a encontrarte. Suena trillado pero ya quiero verte otra vez, suena pendejo pero espero entonces poder abrazarte, tanto como me plazca, tanto como me dejes. Quiero creer que eso dijeron tus ojos cuando gritaron mi nombre, cuando irrumpieron mi mente y un último silencio selló nuestra última conversación.

Aquí va mi último suspiro para ti hoy, el tiempo que no entendí me causó mucho dolor, el miedo de tus ojos me llenó de soberbia el corazón. Pero el invierno da paso a la vida para quien se atreva a resurgir. No se necesita una coraza, se necesita valor. Yo sé que mi alma muere de ganas de agradecerte esa lección, Suena trillado pero ya quiero verte otra vez, y esta vez llenar los espacios en blanco con sonrisas y con latidos pendejos del corazón.

Ya te veo escuchando expectante y abriendo tus ojos en su máxima expresión, ya muero de ganas poderte a abrazar, y a base de intentos romper esa armadura de mierda que desde un principio en esta vida nos alejó.

Cuando pesa tanto el aire.

Hay días de sol y de lluvia, de sonrisas ligeras y de llantos que queman. Hay personas que duelen de cerca, unas que sanan heridas, que matan de lejos, o que nutren más desde afuera. Hay palabras que vuelan con el viento y silencios que presionan contra el suelo. Hay momentos que me guardo en suspiros, y hay recuerdos que me ahogan cada que respiro.

Cuando el aire pasa ligero y las nubes toman forma de sueños, cantan las aves y las flores bailan a su merced. Cuando el día parece tener por fin sentido, y los fantasmas de mis recuerdos y las tormentas de mis miedos pretenden haber cedido, hasta puedo reconocer de nuevo sabores, aromas, sonidos, incluso le encuentro motivo a la idea de saberme vivo.

No hay luna más bella, que la que yace cómplice de mi corazón, dulce, triste, bohemia, romántica y de rock, cada noche diferente, incomprendida, como mi emoción. 

Qué terrible el torbellino de ideas sin objetivo, de sueños no cumplidos, de ganas derrotadas, de batallas de resistencia y desacuerdos con el destino. Qué cansancio el tiradero de palabras, de  apariencias, intenciones y personas, superfluas. Qué martirio sentirse desubicado y abatido a cada paso de este camino que, aunque sé que es mio, a veces simplemente, no le encuentro ningún motivo.

Cuando pesa tanto el aire, moverme no tiene sentido, pretender se vuelve efímero. Me rasguña tu recuerdo en cada parpadeo, y no comprendo cómo es que el día a ti te pinta una cascada de sonrisas y a mi me mata de sed. Cuando el aire se vuelve hiel, respirar quema por dentro y en cenizas me quiero desvanecer, y no asimilo cómo es que el mundo gira mientras a mi me tira y no da tregua de levantarme o dejarme fenecer.

En el aire vuelan mis deseos, nacen y mueren en mi mente, y la gente no lo entiende pero la luz desde afuera no escampa mi oscuridad, hasta la luna se rinde de vez en vez, cansada de aparentar. 

En el camino, entre esperanza y hastío, sé que lastimo a quienes caminan conmigo, en mi transcurso, entre el infierno y el limbo, cuando pesa tanto el aire, agradezco que no se hayan rendido, y que no suelten mi mano, a pesar de verme abatido.

Ya saldrá el sol, y daremos batalla entre suspiros.

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