tomando café con mis miedos

despeja tu cielo limpiando tu mente

No hay noches por más oscuras, que sobrevivan al amanecer, ni sombras por más imponentes, que no cedan ante la luz de tu mente.

Confrontar nuestros miedos es tarea consciente de emprender nuestros sueños, a pesar del reto, sin evitarlos, sin reprimirlos, sino tomando café con ellos.

Cuando pesa tanto el aire.

Hay días de sol y de lluvia, de sonrisas ligeras y de llantos que queman. Hay personas que duelen de cerca, unas que sanan heridas, que matan de lejos, o que nutren más desde afuera. Hay palabras que vuelan con el viento y silencios que presionan contra el suelo. Hay momentos que me guardo en suspiros, y hay recuerdos que me ahogan cada que respiro.

Cuando el aire pasa ligero y las nubes toman forma de sueños, cantan las aves y las flores bailan a su merced. Cuando el día parece tener por fin sentido, y los fantasmas de mis recuerdos y las tormentas de mis miedos pretenden haber cedido, hasta puedo reconocer de nuevo sabores, aromas, sonidos, incluso le encuentro motivo a la idea de saberme vivo.

No hay luna más bella, que la que yace cómplice de mi corazón, dulce, triste, bohemia, romántica y de rock, cada noche diferente, incomprendida, como mi emoción. 

Qué terrible el torbellino de ideas sin objetivo, de sueños no cumplidos, de ganas derrotadas, de batallas de resistencia y desacuerdos con el destino. Qué cansancio el tiradero de palabras, de  apariencias, intenciones y personas, superfluas. Qué martirio sentirse desubicado y abatido a cada paso de este camino que, aunque sé que es mio, a veces simplemente, no le encuentro ningún motivo.

Cuando pesa tanto el aire, moverme no tiene sentido, pretender se vuelve efímero. Me rasguña tu recuerdo en cada parpadeo, y no comprendo cómo es que el día a ti te pinta una cascada de sonrisas y a mi me mata de sed. Cuando el aire se vuelve hiel, respirar quema por dentro y en cenizas me quiero desvanecer, y no asimilo cómo es que el mundo gira mientras a mi me tira y no da tregua de levantarme o dejarme fenecer.

En el aire vuelan mis deseos, nacen y mueren en mi mente, y la gente no lo entiende pero la luz desde afuera no escampa mi oscuridad, hasta la luna se rinde de vez en vez, cansada de aparentar. 

En el camino, entre esperanza y hastío, sé que lastimo a quienes caminan conmigo, en mi transcurso, entre el infierno y el limbo, cuando pesa tanto el aire, agradezco que no se hayan rendido, y que no suelten mi mano, a pesar de verme abatido.

Ya saldrá el sol, y daremos batalla entre suspiros.

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